El Baúl de Cine/ Prometeo Deportado

Ya que este es mi primer post, busqué en mi baúl cinematográfico una película más cercana al entorno que percibo y decidí hablar sobre este film ecuatoriano de Fernando Mieles, que para mí fue intrigante desde el primer instante en que recurrí a él en una sala de cine. Aquí va mi explicación.

Entrar en una sala de cine llena de ecuatorianos para ver más ecuatorianos actuando como ecuatorianos es sin duda una paradoja que se va disipando a medida que avanza la película. El sentimiento del estereotipo se viene enseguida a la mente de los espectadores cuando de repente se encuentra a un colectivo de personas en el cual resaltan características que por defecto, identidad o reproducción se van inmediatamente identificando como ecuatorianos cineastas, deportistas, locos, modelos, escritores, magos, y hasta ecuatorianos que frente a esto actúan como turistas.

Tal vez la percepción estética de “ecuatorianos”, en tanto colectivo privativo, presente más de un rechazo por parte del espectador, pues rápidamente se recurre a la afirmación de sí mismo en la negación del otro para adquirir una representación más cómoda. Sin embargo, es importante recalcar que Mieles conduce esta estética aun nivel casi hiperbólico y redundante justamente para abstraer ciertos mitos y estereotipos creados en el imaginario ecuatoriano.

De este modo, la visión del nosotros desde la individualidad, busca una estética del sinónimo, del parecer y la identificación con por lo menos uno de esos trece personajes para ser una pieza más que encaje dentro de ese rompecabezas carnavalesco del país imaginario que se traslada sin mayor dificultad a la sala de un aeropuerto.

Imagen del film Prometeo Deportado
Imagen del film Prometeo Deportado

A la luz de referentes literarios y cinematográficos, se encuentra que la temática del encierro es recurrente cuando de exponer la vulnerabilidad de la condición humana se trata; tal como Saramago y Buñuel lo han hecho ya en obras anteriores (Ensayo sobre la Ceguera y El Ángel Exterminador, respectivamente).

Y es que la idea del encierro obliga a la convivencia interna, ya sea por correspondencia con el instinto gregario, por hacer más agradable la “estadía” o por una simple cadena de beneficios para la supervivencia. Existe entonces, el voluntario, el renuente, el amable y el falso, que actúan correcta y fielmente a su condición, que en ciertos casos se fortalece y en otros se desmorona para dar paso a una nueva construcción del yo.

Claro que como en todo espacio de convivencia que empieza como obligatorio, existe quien se rehúsa a volverse parte del juego; y un tanto alejado de quienes comparten con él ahora el vínculo de migrante potencialmente deportado, se extrae de sí y de sus necesidades para dar un toque literario y omnipresente a las micro historias dentro del nuevo territorio ecuatoriano. Hecho que indica la inevitable simbiosis y relación de dependencia que seguramente no se da sólo entre ecuatorianos, sino a nivel humano, donde incluso para omitirse de aquella procesión estancada y escribir, se necesita una historia que contar.

“La mentalidad que forzosamente habrá de determinar comportamientos sociales de este tipo, ni se improvisa, ni nace por generación espontánea.” (Saramago)

El deportista entrena, el escritor relata, la modelo camina, el turista observa, el aprovechado negocia, los necesitados compran, Prometeo entrega el fuego, la peluquera dispone, la prostituta finge, la turista vuelve a casa, el escritor se entrega, las beatas rezan, la locura se pasea, la comida escasea, el deportista aprovecha, la seguridad ahoga. El Ecuador y lo que cada quien escoge mostrar de él, o tal vez sea que se muestra la única parte que se conoce, la parte que se es.

Y cuando parece incluso que el tiempo se excedió, es entonces cuando Prometeo, en su gesto humanitario entrega el fuego final. Baúl, variedades de baúles que poseen el poder de fuga, de fútbol, de feriado, de deportes, de triunfos, de revoluciones y de “golpes de Estado”. Fiel a la representación, y como en Ecuador para todo hay fila, esta vez no podía faltar. Lo que más de un Prometeo Deportado desea, también lo imagina como cierto.

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